Cursi No Muere

Cursi No Muere

Genres: emo, screamo, argentina, hardcore, posthardcore

About Cursi No Muere

Cursi No Muere es una banda nacida en 2015 en Tortuguitas, al noroeste del conurbano bonaerense, que supo construir una identidad propia dentro de la escena hardcore emo argentina combinando la crudeza del punk con una sensibilidad profundamente emocional. Desde sus inicios, el grupo se propuso ir más allá de la agresividad típica del género, incorporando melodías, introspección y un mensaje atravesado por la amistad, la nostalgia y el aprendizaje emocional. La formación actual se consolidó a fines de 2016 y está integrada por Luca Daniele en voz, Federico Torres en bajo, Matías Gigena en batería y Sebastián Vázquez en guitarra, quien llegó desde Colombia y encontró en la banda primero un espacio como público y luego como parte activa del proyecto. Antes de Cursi No Muere, los integrantes compartían una banda llamada Cosas Claras, de corte más estrictamente hardcore punk. La transición hacia este nuevo proyecto marcó una apertura sonora y conceptual: sumar dulzura, melodía y una forma distinta de comunicar. Sus primeros pasos estuvieron profundamente ligados a la autogestión y a la escena local del conurbano, particularmente en espacios de Grand Bourg, donde el hardcore se vivía de forma comunitaria. También fueron clave las horas compartidas en cibers, intercambiando música y formando una identidad colectiva. En ese contexto lanzaron su primer EP, Robar flores en el cementerio, un puñado de canciones breves, intensas y cargadas de emoción que les permitió empezar a tocar en vivo y hacerse un lugar en una escena emergente. En 2017 publicaron Perdidos en traslación, donde la melodía tomó un rol central y terminó de definir su sonido. La portada —un hombre leyendo en el subte mientras una mujer lo observa— se volvió icónica dentro del emo argentino y sintetiza el universo lírico de la banda: escenas cotidianas atravesadas por el deseo, la cercanía y la fragilidad. Este trabajo fue reeditado en vinilo en 2023, cumpliendo uno de los objetivos que el grupo arrastraba desde sus comienzos. El siguiente paso llegó en 2019 con su primer LP, Valientes quienes corren, una obra que amalgama la urgencia de su debut con la sensibilidad desarrollada en su segundo EP. Allí conviven momentos de intensidad explosiva con pasajes melancólicos, reflejando una búsqueda más amplia y madura. Sin embargo, poco después de su lanzamiento, la banda decidió entrar en un hiato. La decisión fue fruto del desgaste acumulado y de la necesidad de preservar los vínculos personales por encima del proyecto artístico. Semanas después, la pandemia terminó de consolidar esa pausa. Durante ese tiempo, ocurrió un fenómeno inesperado: nuevas generaciones descubrieron a Cursi No Muere a través de internet. Jóvenes que no habían estado presentes en su etapa inicial comenzaron a apropiarse de su música, generando una base de público completamente renovada. Este reconocimiento tardío impulsó el regreso de la banda en 2022, con energías renovadas y una conexión más fuerte que nunca con su audiencia. El retorno marcó un crecimiento exponencial. Sus shows empezaron a convocar cada vez más gente, llegando a llenar espacios emblemáticos como Uniclub. La banda pasó de tocar para pequeñas audiencias a convertirse en un referente de la nueva camada emo hardcore argentina. Este nuevo público, joven, activo y creativo, no solo consume la música sino que la transforma en fanzines, fotos, proyectos y nuevas bandas, alimentando una escena en expansión. En noviembre de 2023 lanzaron De canciones tristes a través de Inerme Discos, sello de Sebastián Saire (Mofa), una de sus influencias directas. Este EP representa un punto de madurez tanto sonora como conceptual: un trabajo breve, pero con una narrativa clara, donde la tristeza deja de ser un lugar de caída para convertirse en un espacio de aprendizaje. Con un sonido más limpio y composiciones más cuidadas, el disco invita a la escucha reiterada y propone una mirada esperanzadora sobre las emociones difíciles. El imaginario visual de la banda también mantiene una coherencia a lo largo del tiempo. Desde las flores del primer EP hasta las manos entrelazadas en sus trabajos más recientes, Cursi No Muere construye una estética basada en capturar momentos: escenas que, con el tiempo, se transformarán en recuerdos. Como define Luca, la banda “prepara nostalgia para el futuro”. En vivo, esa idea se materializa en un gesto que ya se volvió característico: Luca sube al escenario con flores y las reparte al público. Lo que comenzó como algo espontáneo se transformó en un símbolo del proyecto, un acto que invita a expresar afecto en el presente, sin postergaciones. En ese equilibrio entre la furia del hardcore y la ternura del emo reside gran parte de su identidad. Actualmente, Cursi No Muere atraviesa el momento de mayor visibilidad de su carrera. Con giras por Argentina, Chile y una expansión hacia Latinoamérica, la banda continúa creciendo sin perder su esencia: la amistad como núcleo, la autogestión como motor y la emoción como lenguaje. En un contexto social y generacional atravesado por la incertidumbre, su propuesta se mantiene firme: hay razones para estar tristes, pero también la decisión de encontrar una salida. Cursi No Muere no es solo una banda, sino una forma de habitar la música: hacer del presente un recuerdo valioso y del dolor, una oportunidad para construir algo nuevo.

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